Desde la agitación en Venezuela e Irán, cómo las stablecoins están convirtiéndose en un "segundo sistema monetario"

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Autor: CoinW Research Institute

Resumen

Este artículo toma el caso de Venezuela como punto de partida y señala que las stablecoins no se mencionan repetidamente por una narrativa especulativa, sino porque en un entorno donde la confianza en la moneda local se deteriora, el sistema bancario falla y las restricciones en fondos transfronterizos, se convierten en una herramienta financiera “usable” para las personas comunes. Las stablecoins no ofrecen mayores rendimientos, sino una vía alternativa que no depende del sistema financiero nacional, para pagos, liquidaciones y almacenamiento de valor temporal.

Además, aunque las stablecoins presentan riesgos de centralización y cumplimiento, en un contexto de fallo sistémico, las “stablecoins gestionables” suelen ser preferibles a las “monedas fiduciarias que inevitablemente se deprecian”. Su difusión también extiende objetivamente la influencia del dólar y, cuando el sistema monetario soberano falla, asumen gradualmente algunas funciones de liquidación global no oficial. A medida que su uso real continúa acumulándose, las actitudes regulatorias cambian de una simple prevención a una gestión regulada, y la infraestructura de pagos y liquidaciones en torno a las stablecoins pasa de ser una narrativa a una operación en la realidad.

Las stablecoins están pasando de ser una forma de activo a convertirse en infraestructura financiera. Su crecimiento no depende del ánimo del mercado, sino que está impulsado por problemas reales, siendo comprobadas repetidamente en su uso continuo. El valor real de las stablecoins no está en los whitepapers o historias, sino en momentos de fallo del sistema financiero en el mundo real, donde se demuestran una y otra vez.

1. Cuando la confianza del país falla, lo que la gente realmente necesita no es “una subida”

​​La razón por la que Venezuela vuelve a ser foco de discusión una y otra vez, además de los conflictos políticos imprevistos, es porque ha estado en un estado de “confianza en la moneda nacional repetidamente dañada” durante mucho tiempo. Este daño no solo se refleja en datos de inflación o fluctuaciones en el tipo de cambio, sino en si el sistema monetario, bancario y de pagos puede seguir funcionando normalmente.

Cuando el propio sistema carece de expectativas estables, los problemas financieros se profundizan desde “la inversión” hacia “la supervivencia”. Para las personas comunes, las preocupaciones reales no son si deben o no asignar ciertos activos, sino cuestiones más básicas: ¿pueden sus salarios mantenerse seguros? ¿El dinero enviado por familiares en el extranjero llega sin problemas? ¿Se congelarán de repente las transferencias bancarias? ¿Sus activos se vuelven inútiles por controles de capital, cambios en políticas o rápida depreciación de la moneda? Estas cuestiones afectan directamente la vida económica diaria de individuos y familias.

Es en este entorno donde el significado de “refugio” también cambia. Ya no significa buscar mayores rendimientos o superar la inflación, sino encontrar una forma de dinero que aún pueda usarse normalmente: ¿puede mantener su valor?, ¿puede pagar?, ¿puede transferir?, ¿puede circular transfronterizamente? Estas cuestiones a menudo son más importantes que la volatilidad del precio.

2. La lógica de uso de las stablecoins en un escenario de ruptura de confianza nacional

¿Por qué las stablecoins se mencionan repetidamente en entornos de confianza colapsada?

Cuando la confianza en la moneda local se debilita continuamente, la eficiencia del sistema bancario disminuye, e incluso en ciertos momentos presenta fallas funcionales, las stablecoins suelen entrar en la elección práctica de forma natural. Esto no se debe a que sean innovadoras o radicales, sino porque justamente se sitúan en la intersección entre el sistema financiero tradicional y las necesidades de supervivencia reales. En ese momento, las stablecoins no son una inversión mejor, sino una vía alternativa que no depende del sistema de liquidación bancaria del país. Permiten que los fondos sigan cumpliendo funciones básicas: preservar valor, realizar pagos y transferencias transfronterizas, sin depender completamente del sistema monetario y la infraestructura financiera del país. En casos como Venezuela, la razón por la que las stablecoins aparecen con frecuencia es porque realmente son usadas en la vida cotidiana y, en cierta medida, asumen roles que normalmente deberían cumplir la moneda local y el sistema bancario.

“Países fallidos” no son casos aislados, sino muestras altamente concentradas

A nivel global, Venezuela no es el único ejemplo de adopción masiva de stablecoins; Irán también constituye un caso típico y representativo. Desde hace tiempo, Irán enfrenta una depreciación constante del rial, alta inflación y bloqueos financieros por sanciones internacionales, con restricciones en el acceso a divisas y en los canales de liquidación transfronteriza, y un sistema bancario incapaz de mantener funciones de preservación de valor y circulación de fondos. Recientemente, con la intensificación de la presión económica y la agitación social, el control financiero y de capital en Irán se ha reforzado aún más, limitando el acceso a divisas y reduciendo la libertad de movimiento de fondos, debilitando la confianza en la estabilidad y previsibilidad del sistema financiero nacional.

Al mismo tiempo, en varias regiones de Irán se han reportado interrupciones en servicios de comunicación e internet, un cambio que no apunta directamente al sistema financiero, pero que en la práctica amplifica la fragilidad del sistema financiero en sí. En un entorno altamente dependiente de sistemas en línea, las transferencias bancarias, pagos electrónicos, liquidaciones de cuentas y la gestión de fondos transfronterizos dependen en gran medida de conexiones de red estables. Cuando estas se ven afectadas, estas funciones se vuelven difíciles de operar, y la usabilidad de la moneda local en transacciones diarias, gestión de fondos y transferencia de valor se reduce significativamente. La incertidumbre sobre si la moneda puede usarse con éxito en momentos críticos también socava aún más la confianza pública en el sistema financiero tradicional.

En este contexto, stablecoins vinculadas al dólar como USDT, USDC, etc., se usan cada vez más para valorar bienes y servicios, almacenar ingresos y transferir fondos transfronterizos, llegando incluso a reemplazar en algunos escenarios a la moneda local, convirtiéndose en una unidad de referencia para transacciones diarias. Este uso no es complejo ni tiene un carácter especulativo, sino que es una opción de fondos “aún disponibles” que ha sido comprobada repetidamente en la realidad cuando la confianza en la moneda local se deteriora, el sistema bancario falla y los flujos de capital se restringen. Los casos de Venezuela e Irán muestran que “países fallidos” no son casos aislados, sino ejemplos de una estructura con alta concentración de demanda real de stablecoins, cuyo crecimiento responde más a vacíos en el sistema financiero real que a narrativas internas del mercado cripto.

No es una cuestión de regulación, sino de fallo del sistema financiero

Desde la perspectiva de Web3, la razón por la que las stablecoins reaparecen no es porque esquiven la regulación, sino porque evaden un sistema monetario y bancario que ya no funciona normalmente. Cuando la moneda de un país pierde continuamente poder de compra, y las transferencias bancarias son lentas o pueden ser congeladas en cualquier momento, las stablecoins ofrecen una vía que no depende de la infraestructura financiera nacional.

3. ¿Son realmente seguras las stablecoins?

Antes de discutir el valor real de las stablecoins, hay una cuestión que no se puede ignorar: ¿son realmente seguras las stablecoins? En el contexto de Web3, a menudo se cuestiona su descentralización, e incluso se las considera simplemente una transferencia de riesgos centralizados del sistema financiero tradicional a la cadena. Esta duda no es infundada. Es cierto que las stablecoins principales tienen características evidentes de centralización, gestionadas por emisores específicos, con capacidad de congelar direcciones y cumplir con auditorías regulatorias, y en casos extremos no son completamente inalcanzables.

Pero en entornos como Venezuela, la preocupación no es si la centralización es “suficientemente ideal”, sino riesgos más inmediatos: la moneda local puede depreciarse drásticamente en poco tiempo, las cuentas bancarias pueden ser congeladas por políticas, controles de divisas o problemas sistémicos, y los fondos incluso pueden no poder transferirse libremente. En ese escenario, la seguridad misma debe redefinirse.

Es en este contexto donde aparece una opción aparentemente contradictoria pero muy realista: una stablecoin “posiblemente congelable” suele ser preferible a una moneda fiduciaria que “inevitablemente se deprecia”. La primera, al menos, puede seguir siendo usable la mayor parte del tiempo, permitiendo pagos, transferencias y circulación transfronteriza; la segunda, no solo tiene riesgo de volatilidad, sino que su poder de compra se erosiona sistémicamente, pudiendo incluso perder funcionalidad en momentos críticos.

Este es el “paradigma de la paradoja de la descentralización” de las stablecoins. No son perfectas ni ofrecen seguridad absoluta, pero cuando el sistema y las instituciones fallan, las personas tienden a optar por la herramienta con riesgo relativamente más controlado y resultados más previsibles. Esta elección no es una ignorancia del riesgo de centralización, sino una decisión consciente y equilibrada.

4. Desde Venezuela, la “función geopolítica” de las stablecoins

El caso de Venezuela muestra claramente que, cuando un sistema monetario falla estructuralmente, las stablecoins no solo existen pasivamente, sino que gradualmente asumen algunas funciones que normalmente corresponden a la moneda soberana.

En esencia, la expansión de las stablecoins es una extensión no oficial de la influencia del dólar. No se difunden a través de bancos centrales, organizaciones internacionales o acuerdos monetarios formales, sino mediante blockchain y redes criptográficas, entrando con menor barrera y mayor rapidez en regiones donde la confianza en la moneda local es frágil. Las stablecoins no crean un nuevo ancla de valor, sino que trasladan la confianza en el dólar existente en forma de activos en la cadena a zonas donde el sistema financiero tradicional no cubre.

Para algunos países, este proceso no es neutral. Cuando los residentes comienzan a valorar, almacenar y liquidar en stablecoins de forma espontánea, el uso de la moneda local se ve desplazado paulatinamente, incluso sin una política oficial de “dolarización”, y la soberanía monetaria se ve afectada en la práctica. Esto no refleja una postura política, sino una realidad práctica.

Pero desde la perspectiva del ciudadano común, la stablecoin tiene un significado opuesto: es una “salida monetaria”. En entornos con sistema bancario restringido y control estricto de capital, las stablecoins permiten a los individuos mantener sus ahorros, realizar transferencias transfronterizas y escapar de las limitaciones del sistema financiero.

En medio de esta tensión, las stablecoins empiezan a asumir un nuevo rol: una capa de liquidación global no oficial. Cuando el sistema monetario soberano funciona bien, están en la periferia; cuando hay fallas o colapsos, toman pasivamente funciones de liquidación, almacenamiento y circulación transfronteriza.

5. Cómo las stablecoins entran en el sistema financiero real

De “uso forzado” a “uso repetido”

En casos como Venezuela, la entrada de stablecoins en el mundo real no es una elección voluntaria, sino una consecuencia de la necesidad. Cuando la situación extrema requiere un “instrumento usable” para pagos básicos y conservación de valor, las stablecoins se vuelven una opción confiable. Pero cuando este escenario se repite en diferentes momentos y lugares, dejan de ser una solución temporal y se convierten en una herramienta de fondos confiable. Este cambio también influye silenciosamente en cómo reguladores, instituciones financieras y el sistema de pagos transfronterizos los perciben.

Cambio en la actitud regulatoria: de “¿debería existir?” a “¿cómo regular?”

Este cambio es especialmente evidente en la regulación. Al principio, se discutía si las stablecoins deberían existir. Pero a medida que su uso en pagos transfronterizos y liquidaciones diarias se vuelve claro, la discusión se centra en: dado que ya se usan y en algunos casos no hay sustituto, ¿cómo integrarlas en un marco regulatorio gestionable y monitoreable? Esto no es una aprobación ideológica, sino un reconocimiento de la realidad. Las stablecoins no resuelven un problema de eficiencia abstracto, sino los dolores estructurales de transferencias internacionales lentas, costosas y opacas, que se agravan en regiones con sistemas financieros frágiles.

Subestimación de su resistencia y atributos transfronterizos

Por eso, las propiedades de supervivencia y transfronterizas de las stablecoins han sido subestimadas. No dependen del ánimo del mercado, sino que en condiciones de restricciones cambiarias, canales bancarios inestables o interrumpidos, son las primeras en ser adoptadas. Este uso no es llamativo, pero es muy resistente, y una vez establecido, es difícil de reemplazar. Además, la infraestructura de pagos y liquidaciones en torno a las stablecoins está pasando de la conceptualización a la operación real: wallets, transferencias en cadena, custodia regulada, interfaces transfronterizas, etc., que en respuesta a demandas reales se van ensamblando y asumiendo funciones que antes realizaba la red de liquidación tradicional.

Infraestructura de pagos con stablecoins: una línea clave ignorada

Desde esta perspectiva, la “infraestructura de pagos con stablecoins” puede ser la línea oculta más importante de este año. No aparece en los relatos de moda, pero es la base sobre la que se construyen todos ellos. Ya sea en DeFi, RWA, finanzas en cadena o remesas internacionales, siempre que haya movimiento de fondos reales, la stablecoin juega un papel central en liquidación, conversión y cumplimiento. El caso de Venezuela lo deja claro. Para los usuarios reales, solo importa si el dinero llega de forma segura, rápida y sin problemas. Y cuando el dinero empieza a fluir, inevitablemente se involucra toda la infraestructura: emisión, custodia, interoperabilidad, cumplimiento, etc., que aunque invisible, es imprescindible.

De activo a infraestructura: un cambio de rol

Esto también indica que el pago con stablecoins no es una tendencia impulsada por emociones, sino por problemas reales. La demanda surge cuando la moneda local se descontrola, el sistema bancario se vuelve ineficiente y los flujos transfronterizos se restringen. Por eso, la infraestructura relacionada crece lentamente y sin alharacas. Cuando una vía de pago se valida como “realmente usable”, se vuelve a usar repetidamente y se integra en los hábitos de circulación local.

A largo plazo, una tendencia clara emerge: las stablecoins están pasando de ser una “forma de activo” a convertirse en “infraestructura financiera”. Ya no solo se negocian o asignan, sino que cada vez más participan en pagos, liquidaciones, movimientos transfronterizos y almacenamiento de valor en los ámbitos más básicos y necesarios. Cuando el mercado comprenda esta transformación, probablemente ya no será solo una novedad, sino un sistema de infraestructura financiera ampliamente adoptado y difícil de reemplazar.

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