El juez federal de Miami, Beth Bloom, rechazó el 20 de este mes la moción de Tesla para revocar la sentencia de 243 millones de dólares dictada por un jurado. Su fallo fue categórico: las pruebas presentadas en el juicio “apoyan plenamente” la decisión del jurado en agosto de 2025, y Tesla no presentó argumentos nuevos suficientes para anular la sentencia.
Este monto de 243 millones de dólares se compone de dos partes: 43 millones en compensación y 200 millones en daños punitivos. Los daños punitivos no buscan compensar a la víctima, sino castigar al acusado y disuadir conductas similares en el futuro.
Anteriormente, Tesla recibió una propuesta de acuerdo de 60 millones de dólares antes del juicio, pero la rechazó. Al final, pagó cuatro veces esa cantidad.
Este caso se remonta a un fatal accidente ocurrido en 2019 en Key Largo, Florida.
El conductor, George McGee, activó el sistema de asistencia Autopilot de Tesla Model S y, al caer su teléfono, se inclinó para recogerlo. En esos segundos, el vehículo atravesó una señal de stop y un semáforo en rojo, a unos 100 km/h, e impactó contra un Chevrolet Tahoe estacionado.
Naibel Benavides León, de 22 años, murió en el acto. Su novio, Dillon Angulo, de 26 años, resultó gravemente herido.
La postura legal de Tesla fue clara: el accidente fue causado por la distracción del conductor, no por el Autopilot. El jurado aceptó parcialmente esta argumentación, determinando que Tesla tenía un 33% de responsabilidad. Pero incluso con solo un tercio de culpa, la cifra de indemnización de 243 millones envió un mensaje contundente: un sistema que afirma ser “autoconducido” y que no pudo evitar que el vehículo atravesara un semáforo en rojo cuando el conductor estaba distraído, no es solo un problema del usuario.
Tesla argumentó en la apelación que la sentencia “violaba los principios básicos de la ley de responsabilidad civil de Florida” y que las declaraciones públicas de Musk sobre Autopilot “inducían a error al jurado”. La jueza Bloom no aceptó estos argumentos.
El impacto de la sentencia de 243 millones ya se está extendiendo. Según informes, desde la decisión en agosto de 2025, Tesla ha optado por llegar a acuerdos en al menos cuatro casos adicionales de demandas por muertes relacionadas con Autopilot, en lugar de arriesgarse a volver a juicio. Entre estos, un caso en California donde falleció un adolescente de 15 años.
En enero de 2026, se presentó otra demanda: una Tesla Model X supuestamente se salió de su carril y entró en dirección contraria, causando la muerte de una familia de cuatro integrantes.
Históricamente, Tesla ha ganado casi todas las demandas relacionadas con Autopilot, y a los abogados de los demandantes les ha sido difícil convencer al jurado de que un “sistema avanzado de IA” debería responsabilizarse por la distracción del conductor humano. Pero ahora, con este precedente en Miami, cada abogado puede señalar: “El jurado ya ha determinado que el sistema de Tesla tiene responsabilidad”.
Para Tesla, llegar a un acuerdo puede ser una estrategia para detener las pérdidas, ya que cada juicio puede terminar en otra sentencia de 243 millones, reforzando la percepción pública de que “Autopilot no es seguro”. Pero también tiene un costo: implica aceptar cierta responsabilidad y alienta a más demandas.
Los problemas legales de Tesla no se limitan a este caso.
En diciembre de 2025, un juez en California dictaminó que el uso del término “Autopilot” para describir sus funciones de asistencia al conducir constituye publicidad engañosa, en violación de la ley estatal. La jueza fue especialmente dura: afirmó que la práctica de Tesla “continúa una larga pero ilegal tradición de usar ambigüedades para engañar a los consumidores”. Sobre el nombre “Full Self-Driving” (conducción totalmente autónoma), su valoración fue aún más directa: “es una declaración claramente falsa”.
Dos días antes, el 18 de febrero, cuando se mantenía la sentencia de 243 millones, Tesla acordó detener en todo Estados Unidos y Canadá el uso de “Autopilot” como marca de producto independiente, para evitar una suspensión de ventas de 30 días en California, y también se comprometió a informar claramente a los conductores que deben mantener ambas manos en el volante.
Durante una década, Musk ha insistido públicamente en la capacidad de conducción autónoma de Tesla, prometiendo “que el auto tendrá conducción totalmente automática el próximo año” (desde 2016, casi cada año ha hecho declaraciones similares), y compartiendo videos de vehículos conduciéndose solos en redes sociales. Aunque estas afirmaciones han sido muy efectivas en marketing, en la corte se han convertido en armas poderosas para los abogados de los demandantes.
En conjunto, la negativa de Tesla a aceptar un acuerdo de 60 millones y la eventual sentencia de 243 millones ofrecen una lección sobre la gestión de narrativas tecnológicas.
Cuando anuncias al mundo que tu coche puede “conducir solo” y alguien muere en esa condición, el sistema legal no considerará las pequeñas letras en tu acuerdo de usuario que dicen “el conductor debe mantener la atención en todo momento”.
Lo que preguntarán será: qué prometiste en tu marketing, qué creyeron razonablemente los consumidores, y si esa discrepancia causó el daño.