El 30 de enero, el mercado internacional de metales preciosos experimentó una fuerte corrección. El oro, que previamente había alcanzado niveles históricos, cayó drásticamente el viernes, con una caída diaria cercana al 8%, llegando a situarse en 4957 dólares por onza, la mayor caída en un solo día en más de una década. La plata también se desplomó aproximadamente un 15%, el platino cayó un 16% y el cobre retrocedió alrededor de un 3%, borrando casi todas las ganancias fuertes de esta semana.
El sentimiento del mercado se volvió rápidamente pesimista, debido a la expectativa generalizada de que Kevin W. será el próximo presidente de la Reserva Federal. La noticia impulsó al dólar a fortalecerse rápidamente, debilitando la demanda de oro, cuyo núcleo lógico es la cobertura contra la inflación y la depreciación monetaria. Los analistas consideran que W. es visto como un economista con una postura más tradicional y hawkish, y si asume el cargo, la Reserva Federal podría adoptar una postura más dura en el control de la inflación, lo que ejercerá presión directa sobre los metales preciosos.
Tom Price de Panmure Liberum describió esta tendencia como una “característica típica de un pico de mercado”, señalando que el aumento previo fue demasiado rápido y la posición demasiado concentrada, por lo que un cambio de dirección podría desencadenar ventas en cadena. Charles-Henry Monchau de Syz también afirmó que, tras experimentar una desviación extrema respecto a la media en décadas, no sería sorprendente que en el corto plazo el precio del oro experimente una “rendición de los toros”.
En Asia, la intervención de las autoridades regulatorias también intensificó la corrección. La Bolsa de Futuros de Shanghái ya ha tomado medidas restrictivas en algunas cuentas y ha recordado a los inversores que operen con racionalidad, intentando enfriar la volatilidad extrema previa.
A pesar de la presión a corto plazo, algunas instituciones todavía creen que la incertidumbre global y la tendencia de diversificación de las reservas de los bancos centrales podrían seguir apoyando la demanda de oro a mediano y largo plazo. Sin embargo, en un entorno de alta volatilidad, el mercado podría entrar en una fase de ajuste más cautelosa.