Las últimas señales de Trump sobre aranceles en Estados Unidos vuelven a ensombrecer las ya frágiles relaciones comerciales entre EE. UU. y China. A principios de 2026, Trump anunció que impondría un arancel de importación del 25% a todos los países que tengan relaciones comerciales con Irán, y enfatizó que esta medida entraría en vigor de inmediato. Esta declaración provocó rápidamente preocupaciones en el mercado sobre la posible ruptura del acuerdo comercial entre EE. UU. y China.
En términos generales, esta medida afecta directamente a China, un variable clave. China es el mayor socio comercial de Irán y uno de los mayores importadores mundiales de petróleo crudo. Anteriormente, en octubre del año pasado, EE. UU. y China alcanzaron un alto el fuego comercial temporal, con EE. UU. suspendiendo parte de los aranceles punitivos contra China y China enviando señales de flexibilización en las restricciones a las exportaciones de tierras raras, lo que enfrió las relaciones bilaterales. Sin embargo, la nueva amenaza de aranceles se considera que está debilitando este equilibrio tan difícil de lograr.
Por parte de China, ya han expresado claramente su oposición. La embajada de China en EE. UU. afirmó que se oponen firmemente a cualquier forma de sanciones unilaterales ilegales y a la “jurisdicción extraterritorial”, y se reservan el derecho a tomar medidas de represalia. Varios expertos en políticas comerciales señalan que si el arancel del 25% realmente se aplica, constituiría una clara escalada en el sistema arancelario actual y podría desencadenar reacciones en cadena.
Desde la perspectiva del comercio energético, China ha importado petróleo crudo de Irán durante mucho tiempo, lo que ha sido un apoyo importante para la economía iraní. Los datos muestran que las exportaciones de petróleo de Irán a China han crecido significativamente en los últimos años. Aunque en 2025, bajo la presión de las sanciones estadounidenses, las importaciones chinas de Irán han caído por cuarto año consecutivo, la cooperación energética no se ha interrumpido. La comunidad académica en general opina que Beijing no ajustará su cooperación estratégica con Irán solo por la amenaza de aranceles.
En conjunto, la estrategia de aranceles de Trump parece más una forma de presión de alta intensidad que un plan de negociación comercial sistemático. Los analistas creen que, antes de la esperada reunión de alto nivel, EE. UU. y China podrían volver a entrar en una fase de “negociación y presión simultáneas”, en la que hay incertidumbre en áreas como aranceles, tecnología y energía.
En un contexto de alta sensibilidad en la economía global, este tipo de acciones arancelarias no solo afectan el comercio bilateral, sino que también pueden impactar en los mercados de materias primas y en las expectativas de riesgos macroeconómicos. Queda por ver si los aranceles se implementarán realmente y si EE. UU. y China podrán mantener el marco de alto el fuego comercial.