La percepción de Wall Street sobre la trayectoria de la política monetaria de la Reserva Federal experimentó una corrección significativa en 2024, y al mirar hacia 2026, este cambio sigue siendo considerado uno de los puntos de inflexión clave. En ese momento, Goldman Sachs ajustó considerablemente su pronóstico sobre el calendario de recortes de tasas de la Fed, retrasando la primera flexibilización de marzo a junio, y anticipando una segunda bajada en septiembre, con cada recorte de 25 puntos básicos. Esta evaluación fue divulgada inicialmente por Walter Bloomberg en la plataforma X, generando una amplia atención en el mercado.
Desde un punto de vista contextual, el ajuste de Goldman Sachs no fue un evento aislado, sino que se basó en una reevaluación de una serie de datos macroeconómicos. En ese momento, la Reserva mantenía la tasa de referencia en un rango de 5.25% a 5.50%, en niveles no vistos en más de veinte años. Goldman Sachs consideró que, mientras la inflación no se estabilizara y volviera al objetivo del 2%, era necesario prolongar el ciclo de endurecimiento de la política para evitar riesgos de rebote por una relajación prematura.
Específicamente, la resiliencia del mercado laboral fue uno de los factores clave. Datos relacionados mostraron que el mercado laboral superó las expectativas, el gasto de los consumidores se mantuvo estable, y aunque la inflación mostraba una tendencia a la baja, seguía siendo pegajosa en el sector de servicios. En general, estas señales debilitaron la justificación para una bajada rápida de tasas y reforzaron la percepción de que la flexibilización comenzaría a mediados de año.
En cuanto a la comunicación de la política, el presidente de la Fed, Jerome Powell, enfatizó varias veces la lógica de decisiones basada en datos, dejando claro que se necesita una mayor confianza en la caída sostenida de la inflación. Varios miembros del Comité Federal de Mercado Abierto también expresaron una postura similar, lo que en cierta medida respaldó la predicción de Goldman Sachs de retrasar los recortes.
Desde la perspectiva del impacto en el mercado, la demora en la bajada de tasas implica que los costos de endeudamiento se mantendrán elevados por más tiempo, afectando profundamente el crédito al consumidor, la financiación empresarial y la valoración de activos. Sin embargo, desde otro ángulo, este ritmo puede ayudar a consolidar las expectativas de inflación y aumentar la atracción por los activos denominados en dólares.
En retrospectiva, el juicio de Goldman Sachs en ese momento coincidió con las tendencias de ajuste de varias instituciones posteriores, reflejando también la cautela de Wall Street ante un entorno económico complejo y la reevaluación prudente del ritmo de la política de la Fed. Este cambio proporciona una referencia importante para entender la evolución de los ciclos de tasas en el futuro.
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Goldman Sachs reduce las expectativas de recortes de tasas de la Reserva Federal, la trayectoria de la política de tasas presenta un giro clave
La percepción de Wall Street sobre la trayectoria de la política monetaria de la Reserva Federal experimentó una corrección significativa en 2024, y al mirar hacia 2026, este cambio sigue siendo considerado uno de los puntos de inflexión clave. En ese momento, Goldman Sachs ajustó considerablemente su pronóstico sobre el calendario de recortes de tasas de la Fed, retrasando la primera flexibilización de marzo a junio, y anticipando una segunda bajada en septiembre, con cada recorte de 25 puntos básicos. Esta evaluación fue divulgada inicialmente por Walter Bloomberg en la plataforma X, generando una amplia atención en el mercado.
Desde un punto de vista contextual, el ajuste de Goldman Sachs no fue un evento aislado, sino que se basó en una reevaluación de una serie de datos macroeconómicos. En ese momento, la Reserva mantenía la tasa de referencia en un rango de 5.25% a 5.50%, en niveles no vistos en más de veinte años. Goldman Sachs consideró que, mientras la inflación no se estabilizara y volviera al objetivo del 2%, era necesario prolongar el ciclo de endurecimiento de la política para evitar riesgos de rebote por una relajación prematura.
Específicamente, la resiliencia del mercado laboral fue uno de los factores clave. Datos relacionados mostraron que el mercado laboral superó las expectativas, el gasto de los consumidores se mantuvo estable, y aunque la inflación mostraba una tendencia a la baja, seguía siendo pegajosa en el sector de servicios. En general, estas señales debilitaron la justificación para una bajada rápida de tasas y reforzaron la percepción de que la flexibilización comenzaría a mediados de año.
En cuanto a la comunicación de la política, el presidente de la Fed, Jerome Powell, enfatizó varias veces la lógica de decisiones basada en datos, dejando claro que se necesita una mayor confianza en la caída sostenida de la inflación. Varios miembros del Comité Federal de Mercado Abierto también expresaron una postura similar, lo que en cierta medida respaldó la predicción de Goldman Sachs de retrasar los recortes.
Desde la perspectiva del impacto en el mercado, la demora en la bajada de tasas implica que los costos de endeudamiento se mantendrán elevados por más tiempo, afectando profundamente el crédito al consumidor, la financiación empresarial y la valoración de activos. Sin embargo, desde otro ángulo, este ritmo puede ayudar a consolidar las expectativas de inflación y aumentar la atracción por los activos denominados en dólares.
En retrospectiva, el juicio de Goldman Sachs en ese momento coincidió con las tendencias de ajuste de varias instituciones posteriores, reflejando también la cautela de Wall Street ante un entorno económico complejo y la reevaluación prudente del ritmo de la política de la Fed. Este cambio proporciona una referencia importante para entender la evolución de los ciclos de tasas en el futuro.