No son la arrogancia y la bondad las que te han perjudicado, sino la necedad y la ceguera.
No poder reconocer a las personas verdaderamente inteligentes, no identificar a los verdaderos idealistas, no encontrar compañeros de armas y mentores con quienes compartir ideales, sino perseguir esas ilusiones cuidadosamente empaquetadas. Esa es la razón por la que sigues fracasando hasta hoy.
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No son la arrogancia y la bondad las que te han perjudicado, sino la necedad y la ceguera.
No poder reconocer a las personas verdaderamente inteligentes, no identificar a los verdaderos idealistas, no encontrar compañeros de armas y mentores con quienes compartir ideales, sino perseguir esas ilusiones cuidadosamente empaquetadas.
Esa es la razón por la que sigues fracasando hasta hoy.