En el mundo de las inversiones y entre los emprendedores circula una serie de reglas no escritas para sobrevivir, que vale la pena que analicemos detenidamente.
Primero, la sabiduría en la asignación de recursos. Las personas inteligentes nunca comparten recursos a la ligera, en cambio, aquellos que buscan agradar a los demás, al final solo logran que otros piensen que tienen suerte. Las conexiones humanas nunca se construyen simplemente complaciendo a los demás, sino atrayéndolos con tu propia capacidad. Esto es especialmente crucial en las decisiones de inversión: cuanto mayor sea tu valor, más oportunidades tendrás de que te busquen.
Los emprendedores fracasados comparten un rasgo común: el 90% son demasiado benevolentes. Frente a los intereses, las emociones suelen ser frágiles; los verdaderamente inteligentes saben medir los pros y los contras. Saben que quienes intentan resolver problemas sin gastar dinero, están destinados a quedarse en la base de la pirámide.
El núcleo de la acumulación de riqueza radica en la capacidad de gestionar riesgos. La aventura ciega es cosa de jugadores, controlar los riesgos con precisión es la estrategia de los ricos. Esto requiere una capacidad de aprendizaje que la respalde: el techo del crecimiento patrimonial de una persona suele estar limitado por su capacidad de aprender.
Las personas verdaderamente ricas son expertas en observar en silencio; mantener un cierto aire de misterio puede crear más oportunidades. Se enfocan en el valor interno, no en la apariencia superficial, porque la cara no vale nada; solo la fuerza real es la verdadera competencia. Las oportunidades nunca llegan por sí solas, hay que crearlas y buscarlas uno mismo. Hay que ceder cuando es momento de comprometerse, actuar con decisión cuando hay que avanzar, y abandonar sin dudar las relaciones sociales que no aportan valor. La última regla de oro: si un problema se puede resolver con dinero, no pierdas tiempo en complicaciones innecesarias.
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ImpermanentPhobia
· hace10h
Otra vez esa misma argumentación... Tiene razón en lo que dice, pero no hay nada nuevo, lo importante es que es fácil de entender pero difícil de poner en práctica, la mayoría de las personas todavía no están dispuestas a sacrificar esa "bondad".
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GateUser-9ad11037
· hace10h
Otra vez, una "regla no escrita de las personas exitosas", hablando con mucha autoridad. La cuestión es que muy pocos pueden realmente cumplirla; la mayoría todavía piensa que puede ganar sin gastar dinero, y cuando llega el momento, aún tiene que arrodillarse.
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AlphaWhisperer
· hace10h
¿Otra vez este tipo de "verdades duras" en el artículo? Parece que siempre dicen lo mismo... Los que realmente ganan dinero hace tiempo que se callaron, ya no tienen tiempo para escribir estas cosas.
Suena bien, pero la realidad es que incluso agradar puede hacerte ganar dinero, lo importante sigue siendo la suerte y el momento, no es blanco o negro.
Esta última frase es genial... Si puedes resolverlo con dinero, no te enredes, eso significa que el tiempo de los ricos vale más, ya es un cliché.
Pero esa frase de "el 90% de los emprendedores fracasados son demasiado benevolentes" tengo que ponerla en duda. Conozco a algunos fracasados que son demasiado duros y, en cambio, han ofendido a todos.
A veces creo que este tipo de artículos solo empaquetan algunas opiniones sesgadas como verdades universales, es agradable de leer, cambia tu vida... bueno, mejor lo dejo.
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TheMemefather
· hace10h
Tienes toda la razón, pero todavía hay demasiadas personas que siguen jugando con la vieja cultura de agradar, sin darse cuenta de que las relaciones deben valer por uno mismo.
La capacidad de observación realmente está subestimada, muchas personas simplemente hablan demasiado.
La gestión de riesgos es un tema excelente, ¿cuántas personas se quedan atascadas en el techo de aprendizaje?
En el mundo de las inversiones y entre los emprendedores circula una serie de reglas no escritas para sobrevivir, que vale la pena que analicemos detenidamente.
Primero, la sabiduría en la asignación de recursos. Las personas inteligentes nunca comparten recursos a la ligera, en cambio, aquellos que buscan agradar a los demás, al final solo logran que otros piensen que tienen suerte. Las conexiones humanas nunca se construyen simplemente complaciendo a los demás, sino atrayéndolos con tu propia capacidad. Esto es especialmente crucial en las decisiones de inversión: cuanto mayor sea tu valor, más oportunidades tendrás de que te busquen.
Los emprendedores fracasados comparten un rasgo común: el 90% son demasiado benevolentes. Frente a los intereses, las emociones suelen ser frágiles; los verdaderamente inteligentes saben medir los pros y los contras. Saben que quienes intentan resolver problemas sin gastar dinero, están destinados a quedarse en la base de la pirámide.
El núcleo de la acumulación de riqueza radica en la capacidad de gestionar riesgos. La aventura ciega es cosa de jugadores, controlar los riesgos con precisión es la estrategia de los ricos. Esto requiere una capacidad de aprendizaje que la respalde: el techo del crecimiento patrimonial de una persona suele estar limitado por su capacidad de aprender.
Las personas verdaderamente ricas son expertas en observar en silencio; mantener un cierto aire de misterio puede crear más oportunidades. Se enfocan en el valor interno, no en la apariencia superficial, porque la cara no vale nada; solo la fuerza real es la verdadera competencia. Las oportunidades nunca llegan por sí solas, hay que crearlas y buscarlas uno mismo. Hay que ceder cuando es momento de comprometerse, actuar con decisión cuando hay que avanzar, y abandonar sin dudar las relaciones sociales que no aportan valor. La última regla de oro: si un problema se puede resolver con dinero, no pierdas tiempo en complicaciones innecesarias.