La industria de la energía nuclear atraviesa un momento decisivo. Los inversores están dirigiendo masivamente capital hacia proyectos de pequeños reactores modulares, y las startups en los primeros meses de 2025 han recaudado hasta 1,1 mil millones de dólares. El entusiasmo favorece las decepciones de larga data de la industria — reactores gigantes como Vogtle 3 y 4 en Georgia (cada uno con una potencia superior a 1 gigavatio) han absorbido otros 20 mil millones y aparecieron ocho años después de lo planeado.
La idea de una nueva generación de startups nucleares suena tentadora: reducir el tamaño, aumentar el número de unidades, aplicar técnicas de producción en masa conocidas de la industria automotriz o de electrónica de consumo. Teóricamente — cada nuevo lote debería ser producido más barato y de manera más eficiente. El problema es que, en la práctica, la teoría resulta mucho más difícil de lo que parece.
La industria americana lleva vacía cuatro décadas
Milo Werner, socio del fondo de inversión DCVC, plantea un problema que pocos abordan: Estados Unidos simplemente ha olvidado cómo construir fábricas. “No se ha levantado ninguna planta de producción seria en 40 años” — dice Werner, quien tiene experiencia tanto en Tesla como en Fitbit, donde dirigió personalmente el lanzamiento de producción en China.
¿El resultado? Las cadenas de suministro están rotas y los materiales deben ser importados. Los expertos que trabajan en el sector de producción nuclear pueden enumerar de cinco a diez materias primas que simplemente no producimos en EE. UU. Esto coloca a las startups en una situación completamente diferente a la de Tesla, que aunque enfrentó problemas al escalar el Model 3, operaba al menos en una industria donde Estados Unidos conservó experiencia.
El capital no es el principal problema, sino las personas
Las startups nucleares están en una situación afortunada en cuanto a financiamiento — “tienen un exceso de capital” — señala Werner. La alta coste de las fábricas tradicionalmente frena las ambiciones empresariales, pero aquí no es así.
Las malas noticias tienen que ver con los recursos humanos. El conocimiento sobre construcción y gestión de fábricas está disperso y en déficit. No solo se trata de operadores de maquinaria, sino de equipos especializados completos: desde jefes de planta, ingenieros de procesos, hasta directores financieros. “Hemos pasado 40 años en el sofá. Correr un maratón al día siguiente es un mal plan,” ilustra Werner la magnitud del problema.
La modularidad como camino al éxito
Se ven varias opciones. Las startups deberían construir los primeros prototipos cerca de los equipos técnicos — así se puede seguir perfeccionando los procesos de producción. El enfoque modular es clave: la producción comienza con pequeñas cantidades, se recopilan datos y se escala gradualmente.
Los inversores valoran esa cautela. La realidad también requiere aceptar el tiempo: obtener beneficios de la producción en masa es cuestión de años, a veces incluso décadas. Muchas startups nucleares entienden esto bien — por eso, en lugar de construir megareactores de inmediato, optarán por soluciones pequeñas y modulares.
En otras palabras: las startups primero deben aprender a caminar, antes de intentar correr. Para la industria nuclear, esto será una prueba no solo de innovación tecnológica, sino también de la capacidad de poner en práctica las ideas.
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Las startups nucleares enfrentan la prueba más dura: ¿son capaces de producción en masa?
La industria de la energía nuclear atraviesa un momento decisivo. Los inversores están dirigiendo masivamente capital hacia proyectos de pequeños reactores modulares, y las startups en los primeros meses de 2025 han recaudado hasta 1,1 mil millones de dólares. El entusiasmo favorece las decepciones de larga data de la industria — reactores gigantes como Vogtle 3 y 4 en Georgia (cada uno con una potencia superior a 1 gigavatio) han absorbido otros 20 mil millones y aparecieron ocho años después de lo planeado.
La idea de una nueva generación de startups nucleares suena tentadora: reducir el tamaño, aumentar el número de unidades, aplicar técnicas de producción en masa conocidas de la industria automotriz o de electrónica de consumo. Teóricamente — cada nuevo lote debería ser producido más barato y de manera más eficiente. El problema es que, en la práctica, la teoría resulta mucho más difícil de lo que parece.
La industria americana lleva vacía cuatro décadas
Milo Werner, socio del fondo de inversión DCVC, plantea un problema que pocos abordan: Estados Unidos simplemente ha olvidado cómo construir fábricas. “No se ha levantado ninguna planta de producción seria en 40 años” — dice Werner, quien tiene experiencia tanto en Tesla como en Fitbit, donde dirigió personalmente el lanzamiento de producción en China.
¿El resultado? Las cadenas de suministro están rotas y los materiales deben ser importados. Los expertos que trabajan en el sector de producción nuclear pueden enumerar de cinco a diez materias primas que simplemente no producimos en EE. UU. Esto coloca a las startups en una situación completamente diferente a la de Tesla, que aunque enfrentó problemas al escalar el Model 3, operaba al menos en una industria donde Estados Unidos conservó experiencia.
El capital no es el principal problema, sino las personas
Las startups nucleares están en una situación afortunada en cuanto a financiamiento — “tienen un exceso de capital” — señala Werner. La alta coste de las fábricas tradicionalmente frena las ambiciones empresariales, pero aquí no es así.
Las malas noticias tienen que ver con los recursos humanos. El conocimiento sobre construcción y gestión de fábricas está disperso y en déficit. No solo se trata de operadores de maquinaria, sino de equipos especializados completos: desde jefes de planta, ingenieros de procesos, hasta directores financieros. “Hemos pasado 40 años en el sofá. Correr un maratón al día siguiente es un mal plan,” ilustra Werner la magnitud del problema.
La modularidad como camino al éxito
Se ven varias opciones. Las startups deberían construir los primeros prototipos cerca de los equipos técnicos — así se puede seguir perfeccionando los procesos de producción. El enfoque modular es clave: la producción comienza con pequeñas cantidades, se recopilan datos y se escala gradualmente.
Los inversores valoran esa cautela. La realidad también requiere aceptar el tiempo: obtener beneficios de la producción en masa es cuestión de años, a veces incluso décadas. Muchas startups nucleares entienden esto bien — por eso, en lugar de construir megareactores de inmediato, optarán por soluciones pequeñas y modulares.
En otras palabras: las startups primero deben aprender a caminar, antes de intentar correr. Para la industria nuclear, esto será una prueba no solo de innovación tecnológica, sino también de la capacidad de poner en práctica las ideas.