Tras haber contactado con Dusk, finalmente entendí: la privacidad y la conformidad no son un callejón sin salida en el que solo puedas escoger uno u otro, estos dos aspectos pueden integrarse completamente mediante tecnología. Su mecanismo de consenso Segregated Byzantine Agreement me llamó la atención desde el principio—a diferencia del PoS tradicional que solo depende de la apuesta para producir bloques por turnos, además incorpora ordenamiento aleatorio y filtrado por reputación como doble seguro. Sin perder la base de la descentralización, minimiza al máximo el espacio para nodos maliciosos, y en pruebas reales confirma transacciones en segundos, además de mantener toda la trazabilidad de auditoría, mucho más confiable que las cadenas públicas de privacidad que o bien limitan TPS o no tienen interfaz de auditoría.
Su custodia de confianza cero también aborda directamente los puntos débiles de RWA, bloqueando de raíz los riesgos de que los custodios huyan o de la exposición de información sensible, garantizando la seguridad mediante criptografía, y los datos permanecen accesibles solo a quienes deben verlo, sin que otros puedan tocarlo. Gracias a que esta lógica funciona, lograron asegurar un proyecto de tokenización de valores por 3 mil millones de euros; las instituciones tradicionales no buscan solo presentaciones en PPT, sino un sistema robusto que pase la revisión regulatoria.
El token DUSK tampoco juega a lo superficial, no es una moneda de aire impulsada por especulación; se usa para emisión de activos, votaciones de gobernanza y staking de nodos, con múltiples escenarios de necesidad real que sustentan su valor. Lo que es aún más valioso es que no solo hablan de conformidad, sino que la cumplen con hechos, colaborando con NPEX para poner en marcha licencias como MTF, enfrentándose a auditorías regulatorias y responsabilizándose por fondos institucionales. Proyectos que se centran en la tecnología y en perfeccionar los escenarios de uso, como este, merecen el calificativo de “de nivel institucional”, y en el campo de RWA, realmente son escasos.
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Tras haber contactado con Dusk, finalmente entendí: la privacidad y la conformidad no son un callejón sin salida en el que solo puedas escoger uno u otro, estos dos aspectos pueden integrarse completamente mediante tecnología. Su mecanismo de consenso Segregated Byzantine Agreement me llamó la atención desde el principio—a diferencia del PoS tradicional que solo depende de la apuesta para producir bloques por turnos, además incorpora ordenamiento aleatorio y filtrado por reputación como doble seguro. Sin perder la base de la descentralización, minimiza al máximo el espacio para nodos maliciosos, y en pruebas reales confirma transacciones en segundos, además de mantener toda la trazabilidad de auditoría, mucho más confiable que las cadenas públicas de privacidad que o bien limitan TPS o no tienen interfaz de auditoría.
Su custodia de confianza cero también aborda directamente los puntos débiles de RWA, bloqueando de raíz los riesgos de que los custodios huyan o de la exposición de información sensible, garantizando la seguridad mediante criptografía, y los datos permanecen accesibles solo a quienes deben verlo, sin que otros puedan tocarlo. Gracias a que esta lógica funciona, lograron asegurar un proyecto de tokenización de valores por 3 mil millones de euros; las instituciones tradicionales no buscan solo presentaciones en PPT, sino un sistema robusto que pase la revisión regulatoria.
El token DUSK tampoco juega a lo superficial, no es una moneda de aire impulsada por especulación; se usa para emisión de activos, votaciones de gobernanza y staking de nodos, con múltiples escenarios de necesidad real que sustentan su valor. Lo que es aún más valioso es que no solo hablan de conformidad, sino que la cumplen con hechos, colaborando con NPEX para poner en marcha licencias como MTF, enfrentándose a auditorías regulatorias y responsabilizándose por fondos institucionales. Proyectos que se centran en la tecnología y en perfeccionar los escenarios de uso, como este, merecen el calificativo de “de nivel institucional”, y en el campo de RWA, realmente son escasos.
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