La asociación entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos se ha fracturado. Lo que una vez fue una alianza unificada del Golfo ahora muestra signos claros de competencia estratégica, con ambas naciones enfrentadas en confrontaciones por poder en múltiples puntos críticos.



Yemen sigue siendo un campo de batalla clave, pero la rivalidad va mucho más allá. El control de los recursos de Sudán, la competencia por puertos críticos, el dominio de rutas marítimas vitales a través del Mar Rojo y la influencia sobre las rutas energéticas globales se han convertido en las verdaderas apuestas. No son disputas menores: representan un cambio fundamental en la dinámica de poder regional.

Esta lucha emergente remodelará la política del Medio Oriente en los próximos años. La seguridad energética, la estabilidad de las cadenas de suministro y los alineamientos geopolíticos están en juego. Para los mercados globales que observan de cerca los flujos de petróleo y las relaciones internacionales, este cambio de poder merece una atención seria.
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