De acuerdo con el CEO de Ripple, Brad Garlinghouse, la empresa consideró seriamente cerrar y distribuir sus participaciones en XRP a los accionistas después de la demanda de la SEC en 2020. Garlinghouse y el cofundador Chris Larsen decidieron, en cambio, pelear contra la SEC: una decisión que preservó cientos de empleos, pero le costó a Ripple aproximadamente 150 millones de dólares en honorarios legales durante cuatro años.
Ripple ganó finalmente el caso después de que un juez federal dictaminara que el propio XRP no es un valor. La demanda se resolvió el año pasado tras cambios en el liderazgo de la SEC, que adoptó una postura más flexible frente a la criptomoneda.