
Un ataque a criptomonedas consiste en acciones maliciosas dirigidas a robar o comprometer activos en cadena.
Estos ataques se clasifican en dos grandes grupos: los que afectan a personas, como enlaces de phishing, airdrops falsos y suplantación de soporte al cliente, que engañan a los usuarios para que revelen sus claves privadas o frases mnemotécnicas (equivalente a contraseñas de cuenta), o los incitan a aprobar permisos de tokens que permiten a los atacantes gastar sus fondos; y los que se dirigen al código o la infraestructura, como la explotación de vulnerabilidades en smart contracts, fallos en puentes cross-chain, manipulación de oráculos de precios y ataques de hash power en blockchains de menor tamaño.
El resultado suele ser la transferencia irreversible de activos. Una vez movidos los fondos en la cadena, normalmente son irrecuperables por la naturaleza inmutable de las transacciones en blockchain, lo que constituye la diferencia fundamental respecto al robo tradicional en internet.
Porque, una vez comprometidos, las pérdidas suelen ser irreversibles y pueden producirse en cuestión de segundos.
Los criptoactivos no dependen de bancos para la recuperación de pérdidas. Si se abusa de tu clave privada o de la autorización de tu wallet, los atacantes pueden transferir tus tokens directamente sin requerir confirmaciones adicionales. Los usuarios principiantes son especialmente vulnerables al reclamar airdrops, mintear NFTs o interactuar con nuevas DApps, ya que pueden confiarse y aprobar solicitudes sospechosas.
En cuanto al impacto financiero, los incidentes individuales pueden ir desde cientos de miles hasta cientos de millones de dólares. Por ejemplo, en mayo de 2024, el exchange japonés DMM Bitcoin perdió cerca de 305 millones de dólares por el robo de una hot wallet. Estos casos demuestran que tanto usuarios como instituciones están expuestos a riesgos significativos.
Generalmente siguen tres vías principales: robo de claves, engaño en autorizaciones y explotación de vulnerabilidades.
Primero, el robo de claves. Las claves privadas y frases mnemotécnicas son el acceso principal a las cuentas. Si se filtran a través de sitios web falsos, plugins maliciosos o soporte suplantado, los atacantes pueden tomar el control total de tu wallet. Es común que se hagan pasar por agentes de soporte y te pidan introducir tu frase mnemotécnica para una “verificación de cuenta”.
Segundo, el engaño en autorizaciones. Una ventana emergente de wallet que solicita autorización otorga derechos de gasto de un token específico a un contrato o aplicación. Si apruebas permisos ilimitados en un sitio malicioso, los atacantes pueden vaciar tus tokens en segundo plano sin que lo notes.
Tercero, la explotación de vulnerabilidades. Los smart contracts son programas desplegados en la cadena. Errores lógicos, controles de acceso débiles o dependencias externas mal gestionadas (como oráculos de precios) pueden ser aprovechados por atacantes. Los exploits habituales incluyen manipulación de feeds de precios, uso de flash loans para amplificar capital o activar rutas defectuosas en contratos para desviar fondos. Los puentes cross-chain son especialmente vulnerables; errores en los procesos de prueba o multisig pueden provocar pérdidas masivas de activos por su función en la reconciliación entre cadenas.
Los escenarios más habituales incluyen conexiones de wallet, interacciones en DeFi, minteo de NFT, transferencias cross-chain y seguridad de cuentas en exchanges.
En DeFi, los usuarios interactúan con wallets para minería de liquidez o préstamos. Visitar sitios de phishing o conceder permisos excesivos de tokens puede provocar el robo de activos en segundo plano. En periodos de alta actividad, páginas falsas de “verificación de airdrop” pueden solicitar la firma de múltiples transacciones.
En puentes cross-chain, errores en la validación o gestión multisig permiten a los atacantes falsificar “pruebas cross-chain” y retirar grandes cantidades de activos bloqueados de una sola vez. Históricamente, los exploits en puentes han provocado pérdidas de cientos de millones de dólares, a menudo por firmas de claves mal gestionadas.
En escenarios de NFT y redes sociales, los atacantes emplean airdrops falsos, enlaces de minteo fraudulentos o suplantan a líderes de opinión (KOL) mediante mensajes privados para incitar a los usuarios a aprobar “todos los NFTs”, lo que deriva en robos masivos de NFT.
En exchanges centralizados, el principal riesgo es la toma de control de cuentas. Por ejemplo, en Gate, si tu contraseña de email y la protección 2FA son débiles, los atacantes pueden usar credential stuffing y técnicas de ingeniería social para acceder a tu cuenta, modificar la configuración de seguridad y retirar fondos. Por eso, las protecciones del lado de la plataforma son igual de importantes.
Actúa en cuatro niveles: cuentas, wallets, interacciones con contratos y dispositivos.
Paso 1: Protege las claves privadas y frases mnemotécnicas. Nunca introduzcas tu frase mnemotécnica en chats, formularios o páginas de “soporte”; utiliza hardware wallets para almacenamiento a largo plazo; separa las “hot wallets” (uso diario) de las “cold wallets” (custodia prolongada).
Paso 2: Aplica el principio de mínima autorización. Autoriza solo DApps de confianza; prefiere aprobaciones limitadas de tokens; revoca permisos no usados regularmente desde tu wallet o un explorador de bloques. Desconfía de solicitudes para “autorizar todos los tokens”.
Paso 3: Verifica las fuentes de sitios web y software. Descarga wallets y plugins solo desde sitios oficiales o tiendas reconocidas; comprueba enlaces en Twitter oficial, canales de Discord o documentación verificada. Detente y revisa los dominios ante “actualizaciones urgentes” o “airdrops por tiempo limitado”.
Paso 4: Protege las cuentas de exchange. Activa autenticación en dos pasos (2FA), lista blanca de retiros y códigos anti-phishing en plataformas como Gate; exige confirmación por email y teléfono para acciones importantes; prueba retiros pequeños antes de grandes; utiliza cuentas o subcuentas separadas para aislar riesgos.
Paso 5: Revisa los contratos antes de interactuar. Comprueba si el proyecto publica la dirección del contrato y auditorías de terceros; verifica si el contrato es open source y si tiene permisos de proxy actualizables mediante un explorador de bloques; usa wallets de solo lectura para observación cuando sea necesario.
Paso 6: Mantén la higiene de dispositivos y redes. Actualiza tu sistema y navegador; evita transacciones grandes en Wi-Fi público o no confiable; utiliza un dispositivo o perfil de navegador exclusivo para operaciones cripto.
Paso 7: Prepárate para emergencias. Si detectas autorizaciones anómalas, revoca permisos y transfiere activos de inmediato; si tu cuenta se ve comprometida, congélala en Gate y contacta con soporte oficial, nunca compartas información sensible por apps de chat.
A principios de 2026, los informes del sector indican que la mayoría de incidentes siguen provocados por filtraciones de claves privadas y autorizaciones maliciosas, con pérdidas por caso que suelen ir de millones a decenas de millones de dólares. Los totales anuales responden al patrón de “pocos casos grandes y muchos pequeños”.
Por ejemplo, en mayo de 2024 DMM Bitcoin en Japón sufrió el robo de 305 millones de dólares en una hot wallet; los exploits en puentes cross-chain y bugs de contratos siguen siendo frecuentes en los últimos años. Sin embargo, los principales puentes han logrado reducir la frecuencia de incidentes graves reforzando la validación y gestión multisig. El ransomware y la ingeniería social han resurgido, lo que indica que “engañar a usuarios para autorizar o compartir claves” es más común que “explotar código”.
El monitoreo regulatorio mejora: las herramientas de análisis en cadena y las listas negras reaccionan más rápido, algunos fondos robados se marcan y congelan en cuestión de horas, obligando a los atacantes a usar swaps cross-chain y servicios de mezcla para dispersar activos, lo que eleva sus costes operativos.
Nota: Los resúmenes anuales oficiales de 2025–principios de 2026 suelen publicarse tras el cierre de año; consulta informes de firmas de seguridad y análisis en cadena para cifras precisas. Para usuarios individuales, esto implica prestar máxima atención a amenazas de ingeniería social y autorizaciones en la operativa diaria.
Ambos términos se emplean de forma intercambiable, pero destacan aspectos distintos: los ataques implican explotación técnica o de permisos; las estafas se centran en la ingeniería social y el engaño.
Los ataques técnicos explotan directamente fallos de código, errores en la gestión de claves o malas configuraciones de red, como bugs en smart contracts, problemas de validación en puentes cross-chain o filtraciones de claves de hot wallets. No requieren interacción con la víctima más allá de encontrar una vulnerabilidad.
Las estafas buscan ganarse la confianza de la víctima mediante soporte falso, airdrops fraudulentos, grupos de inversión ficticios, etc., para robar frases mnemotécnicas o engañar a los usuarios para que concedan autorizaciones ilimitadas. El nivel técnico es bajo, el éxito depende de la persuasión y el contexto.
En la práctica, ambos métodos suelen combinarse: los atacantes atraen a las víctimas a sitios falsos con trucos sociales y luego emplean scripts técnicos para transferir los activos en masa. La mejor defensa es doble: protegerse de amenazas sociales (no revelar claves ni conceder permisos excesivos) y técnicas (usar hardware wallets, revisar contratos, activar funciones de seguridad en exchanges).
La recuperación depende del tipo de ataque y de la rapidez de la respuesta. Si tu clave privada se filtró y los tokens fueron robados en la cadena, la recuperación es prácticamente imposible debido a la irreversibilidad de las transacciones en blockchain; si tu cuenta de exchange fue hackeada, contactar inmediatamente con la plataforma para congelar la cuenta puede ayudar a recuperar parte de los fondos. Registra siempre los hashes de las transacciones y reporta los incidentes a las plataformas correspondientes para su investigación.
Los nuevos usuarios suelen carecer de conciencia de seguridad y cometen errores como hacer clic en enlaces de phishing, usar contraseñas débiles, operar en Wi-Fi público o compartir frases mnemotécnicas con desconocidos. Los atacantes se centran en los principiantes porque requieren poco esfuerzo y la tasa de éxito es alta. Mejorar la conciencia de seguridad, usar hardware wallets y activar la autenticación en dos pasos reduce considerablemente el riesgo de ataque.
Las claves privadas y las frases mnemotécnicas son igual de importantes, ya que otorgan acceso total a tus activos. Las contraseñas solo protegen el acceso al login de la cuenta. Lo más seguro es almacenar claves privadas y frases mnemotécnicas offline (en papel o cold wallets), establecer contraseñas robustas y únicas para las cuentas y nunca guardar las tres juntas.
Las hardware wallets aumentan significativamente la seguridad, pero no son infalibles. Su principal ventaja es el almacenamiento offline de claves privadas y requerir confirmación física para las transacciones, lo que dificulta el robo remoto. No obstante, evita conectar la wallet en dispositivos públicos, compra solo en canales oficiales y ten precaución con las actualizaciones de firmware. Considera la hardware wallet como una caja fuerte: también debes proteger la llave.
Primero: detén todas las transacciones inmediatamente; cambia la contraseña y restablece la autenticación en dos pasos. Segundo: revisa el historial de la cuenta y los saldos de la wallet, registra cualquier hash de transacción sospechosa. Tercero: si la cuenta de exchange está afectada, contacta con el soporte oficial para congelarla. Cuarto: activa la lista blanca de IP y los límites de retiro en plataformas como Gate para evitar más pérdidas. Conserva todas las pruebas para posibles acciones legales.


