

En su último artículo, Arthur Hayes ofrece un análisis detallado del contexto fiscal actual bajo la administración Trump. Hayes afirma que la posibilidad de que Trump cubra el déficit federal recurriendo a recortes fiscales es muy baja. Basa esta conclusión principalmente en que los recortes fiscales de 2017, medida emblemática del Partido Republicano, ya han sido prorrogados por el propio partido. Esta prórroga refleja el compromiso político de mantener impuestos bajos, en lugar de emplear la fiscalidad para reducir el déficit.
El Departamento del Tesoro de EE. UU. ha mantenido una estrategia de endeudamiento constante para cubrir el déficit federal, una tendencia que previsiblemente continuará. Esta política refleja la forma en que el gobierno afronta sus compromisos fiscales manteniendo el nivel de gasto actual. La preferencia por financiarse con deuda, en vez de aumentar la recaudación tributaria, se ha consolidado como uno de los pilares de la política fiscal contemporánea, especialmente en gobiernos que priorizan el crecimiento mediante impuestos bajos.
La Standing Repo Facility (SRF) es una herramienta clave de la Reserva Federal para gestionar la liquidez del sistema financiero. Esta facilidad permite a bancos e instituciones financieras obtener efectivo de la Fed usando como garantía principal bonos del Tesoro estadounidense. La SRF actúa como red de seguridad permanente, asegurando acceso fiable a financiación a corto plazo para estas entidades cuando lo requieran.
La relevancia de la SRF radica en su función como mecanismo de gestión de liquidez. Al aceptar bonos del Tesoro como colateral, crea un vínculo directo entre la deuda estatal y la masa monetaria. Las instituciones financieras pueden movilizar sus posiciones en bonos del Tesoro para conseguir liquidez inmediata, lo que contribuye a mantener la estabilidad del sistema financiero en su conjunto. Este mecanismo cobra especial importancia en periodos de tensión de mercado o cuando las fuentes tradicionales de financiación se ven limitadas.
Actualmente, el Tesoro de EE. UU. recurre a subastas de bonos para obtener los fondos necesarios para el funcionamiento del Estado. Este proceso tiene un impacto directo en la liquidez del dólar dentro del sistema financiero. Cuando el Tesoro se financia mediante estas subastas, absorbe liquidez del mercado: los inversores compran estos bonos con dólares ya existentes. Así, se produce un efecto negativo sobre la liquidez del dólar, pues ese efectivo queda temporalmente fuera de circulación y bajo control del gobierno.
No obstante, existe una dinámica interesante: el Tesoro aún no ha gastado los fondos captados. Esto crea una paradoja, ya que pedir prestado reduce la liquidez, pero los fondos aún no gastados representan una potencial inyección futura. Cuando el gobierno comience a utilizar ese dinero, volverá a circular en la economía, generando un efecto positivo sobre la liquidez. Esta diferencia temporal entre captación y uso de fondos provoca oscilaciones en la liquidez de mercado, con efectos que pueden influir en distintas clases de activos.
La absorción de liquidez derivada del endeudamiento del Tesoro es un factor clave que contribuye al sentimiento bajista predominante en los mercados de criptomonedas. Cuando la liquidez del dólar disminuye por las subastas de bonos, cae el capital disponible para invertir en activos de riesgo, incluidas las cripto. Esta restricción limita la capacidad de los inversores para destinar fondos a estos mercados y puede presionar los precios a la baja.
El análisis de Arthur Hayes destaca la importancia de comprender estas dinámicas macroeconómicas para quienes operan e invierten en criptomonedas. La interacción entre el endeudamiento público, la política de la Reserva Federal y la evolución de los mercados cripto evidencia que los mecanismos financieros tradicionales siguen influyendo en los activos digitales. Mientras continúen las emisiones del Tesoro y evolucione el calendario de gasto público, estos factores seguirán condicionando las tendencias de mercado en el corto plazo. Los inversores deben vigilar tanto el calendario de emisiones del Tesoro como los comunicados de la Fed para anticipar posibles movimientos de liquidez que impacten en las valoraciones cripto.
SRF es un marco que estandariza los mecanismos de distribución de recompensas por staking en redes blockchain. Optimiza los incentivos para los validadores, garantiza la participación justa y mantiene la seguridad de la red regulando la asignación de recompensas según la cantidad y el tiempo de staking, fortaleciendo la sostenibilidad del protocolo.
El Implicit Quantitative Easing consiste en un estímulo monetario indirecto a través de compras de activos e inyección de liquidez. Aumenta la masa monetaria, lo que empuja a los inversores hacia activos de mayor rentabilidad, como las criptomonedas. Esto suele fortalecer las valoraciones cripto cuando los rendimientos tradicionales caen y el apetito por el riesgo crece.
Arthur Hayes sostiene que el QE implícito incrementa la liquidez y la oferta monetaria, lo que lleva a los inversores hacia activos alternativos como Bitcoin y criptomonedas, que actúan como cobertura frente a la inflación. Esta expansión monetaria devalúa las monedas tradicionales, haciendo las cripto más atractivas para preservar el patrimonio y diversificar la cartera.
El QE tradicional implica compras directas de bonos y otros activos públicos. El QE implícito opera de forma indirecta a través de mecanismos de mercado y expectativas, influyendo en la liquidez sin realizar compras explícitas de gran escala, lo que lo hace menos visible, pero igual de eficaz para expandir la masa monetaria.
De acuerdo con Arthur Hayes, los inversores deberían destinar parte de su cartera a activos duros y a Bitcoin como protección frente al QE implícito. Recomienda posicionarse ante la inflación y la depreciación de las divisas mediante activos alternativos, en lugar de centrarse en los mercados tradicionales.
SRF (Special Rates Facility) y el QE implícito son instrumentos monetarios relacionados. La SRF aporta liquidez de emergencia para estabilizar los sistemas financieros, mientras que el QE implícito expande la masa monetaria mediante compras de activos. Juntos, permiten a los bancos centrales inyectar liquidez y sostener los precios de los activos durante crisis, generando estímulos monetarios coordinados.










