La cuestión de detener las pérdidas es realmente como una ruptura, cuanto más la retrasas, más piensas "aguantar un poco más y volverá", pero cuanto más te adentras, más profundo caes, y mirar la cuenta todos los días solo te molesta. En realidad, admitir la pérdida no es vergonzoso, lo que cuesta es seguir retrasando: el costo de oportunidad + el costo emocional, y además es fácil que con un temblor en la mano aumentes la posición para salvarte, cavando un hoyo aún mayor. Ahora tengo una regla: antes de entrar, escribe bien "si algo no está bien, sal", cuando llegue el momento, simplemente ci
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