Las acciones de Samsung subieron un 4,8% hasta un máximo histórico el 23 de abril de 2024, pero la empresa quedó por detrás de su rival SK Hynix en más de 25 puntos porcentuales, ya que un sindicato amenazó con una huelga de 18 días que comenzaría el 21 de mayo, según Bloomberg. El sindicato exige el 15% del beneficio operativo de la división de chips y rechaza la oferta de la dirección de un fondo de bonificaciones del 10% y un aumento salarial del 6,2%.
Amenaza de huelga y estado de las negociaciones
El sindicato de Samsung amenazó formalmente con una huelga de 18 días por las demandas de compensación. Citigroup redujo su precio objetivo el 30 de abril, citando posibles costes de bonificaciones asociados con las negociaciones laborales. Samsung dijo que seguiría negociando y que buscaría limitar las interrupciones de la producción.
Bonificación sin tope en SK Hynix como presión competitiva
La amenaza de huelga se produjo después de que SK Hynix decidiera eliminar el tope de su bonificación y reservar el 10% del beneficio operativo anual para pagos por desempeño. Ese plan podría dar a los empleados de SK Hynix bonificaciones medias de unos 477.000 USD este año, y algunas previsiones sitúan la cifra del próximo año cerca de los 900.000 USD, según el informe.
La brecha de compensación ya está afectando a la retención. Se informó que alrededor de 200 empleados de Samsung se trasladaron a SK Hynix durante los últimos cuatro meses en busca de una mejor compensación.
Implicaciones más amplias para la economía y la industria
Una huelga prolongada podría llevar a grandes clientes, incluidas Nvidia y AMD, a repartir pedidos con proveedores más estables como TSMC, el mayor fabricante de chips por contrato del mundo, lo que potencialmente debilitaría la cuota de mercado de Samsung con el tiempo.
El conflicto laboral se extiende más allá de Samsung. Los sindicatos de Hyundai Motor y otras grandes empresas surcoreanas están buscando planes similares de reparto de beneficios, ampliando la presión en distintos sectores. El Banco de Corea ha expresado su preocupación por lo que llama una economía “en forma de K”, en la que el sector tecnológico se separa del resto de la economía. También ha crecido la reacción en línea, ya que observadores sostienen que las ganancias extraordinarias vinculadas en parte a infraestructura financiada por el Estado y créditos fiscales deberían compartirse de forma más amplia.