Una vez que tenemos clara la definición de los CFD, surge la pregunta natural: ¿cómo se ejecuta realmente una operación con ellos? Los CFD permiten tomar posiciones tanto largas como cortas, pero al entrar en la interfaz de trading es fácil que surjan dudas: qué criterios diferencian la compra de la venta, por qué en las cotizaciones aparecen un precio de compra y otro de venta, por qué los beneficios no siempre coinciden con lo esperado aunque el precio se mueva a favor, o por qué nada más abrir una posición ya ves una pérdida no realizada. Para aclararlo, tenemos que desmontar el mecanismo del trading de CFD pieza por pieza.
Una de las grandes ventajas de los CFD es que permiten tomar posiciones en ambos sentidos sin necesidad de poseer el activo subyacente.
Esto significa que los CFD no se limitan al esquema clásico de «comprar primero y vender después». Siempre que las normas lo permitan, se puede operar tanto en mercados alcistas como bajistas. Para el trader, no se trata solo de acertar la dirección, sino de entender cómo se relaciona esa dirección con los precios de apertura. Ir largo implica que el precio futuro supere el precio de venta de apertura; ir corto, que el precio futuro quede por debajo del precio de compra de apertura.
La mayoría de las cotizaciones de CFD muestran dos precios:
A la diferencia entre ambos se le llama diferencial y forma parte del coste de la operación. Por eso muchas posiciones de CFD muestran una pequeña pérdida no realizada justo después de abrirse: no es que la dirección elegida sea errónea, sino que el diferencial ya está incorporado en el coste de mantenimiento de la posición.
Pongamos un ejemplo con una cotización de CFD sobre oro:
Si abres una posición larga, entras en torno a 2350,5; si cierras inmediatamente después, liquidas al precio de venta de 2350,0. Esa diferencia de 0,5 es tu coste inicial por el diferencial. La misma lógica se aplica al abrir una posición corta.
Una de las lecciones más importantes de la Lección 2 es que operar no significa «si aciertas la dirección, obtienes beneficio al instante». Primero tienes que superar el diferencial antes de empezar a sacar ventaja del movimiento del precio.
El cálculo de ganancias y pérdidas en los CFD se resume en tres factores:
Veamos un ejemplo sencillo:
Imagina que compras un CFD sobre oro a 2350,5 y cierras a 2360,5. Si cada movimiento de 1 $ equivale a una unidad de ganancia o pérdida:
Si el tamaño del contrato es 10, la ganancia bruta es 100. Tras descontar el diferencial, las comisiones y otros costes, obtienes la ganancia neta.
Supón que el EUR/USD cotiza a 1,0800 / 1,0802; abres una posición corta a 1,0800 y cierras a 1,0750.
Como las posiciones cortas se benefician de las caídas de precio:
Los cálculos varían según el producto: el oro se mide en dólares, el forex en pips y los índices en puntos. Las unidades de cotización cambian, pero la lógica es siempre la misma: variación del precio × tamaño del contrato × dirección.
Aquí entra en juego otra variable clave en el trading de CFD: el tamaño de la posición. Una subida de 10 $ en el oro no tiene el mismo efecto en una posición pequeña que en una grande; un movimiento de 50 pips en el EUR/USD impacta de forma diferente según el tamaño del lote.
Por eso, los resultados del trading no dependen solo de hacia dónde se mueve el mercado, sino también de:
Esta es la razón por la que muchos principiantes ven resultados inconsistentes incluso cuando aciertan la dirección. El problema no suele ser «no acertar», sino «no entender cómo afecta realmente cada movimiento de precio al patrimonio de la cuenta».
Una operación estándar con CFD suele seguir estos pasos:
Desde el punto de vista mecánico, los CFD no son complejos; la calidad del trading depende de tener reglas claras en cada paso. Si la dirección, el tamaño de la posición o el stop-loss son imprecisos, incluso los mecanismos más simples se convierten en un ensayo de prueba y error.
En realidad, la venta en corto es simplemente otra forma de expresar una dirección de mercado. El verdadero riesgo viene del apalancamiento, del tamaño de la posición y de la disciplina, no de estar «corto» en sí mismo.
Muchas operaciones a corto plazo que parecen correctas acaban sin ser rentables porque el diferencial es demasiado cercano en comparación con el rango de fluctuación del precio.
Los cálculos de ganancias y pérdidas no se aprenden de memoria para repetirlos, sino para que sepas, antes de poner una orden, cuánto se moverá tu cuenta con cada variación del mercado, qué drawdown (caída) puede soportar tu cuenta y si todo eso encaja con tu plan.
El núcleo de la Lección 2 es construir un enfoque lógico para operar con CFD. Primero: los CFD permiten tanto operaciones largas como cortas, y las ganancias o pérdidas dependen de si la dirección elegida coincide con el movimiento del precio. Segundo: el precio de compra, el precio de venta y el diferencial explican por qué la cuenta suele mostrar una pérdida no realizada al inicio; el diferencial es un coste básico e inevitable. Tercero: el resultado final no depende solo del movimiento del precio, sino también del tamaño del contrato, del tamaño de la posición y de los costes de mantenimiento. Cuarto: una operación completa con CFD es, en esencia, una combinación de juicio direccional + gestión de la posición + control de costes + gestión del riesgo, y no una simple apuesta a que el mercado suba o baje.