Un derivado es un contrato financiero cuyo valor se basa en la variación del precio de un activo subyacente. Este activo subyacente puede ser acciones, bonos, materias primas, tasas de interés, tipos de cambio o incluso el resultado de un evento específico. Es decir, los derivados no representan la propiedad directa de un activo; en cambio, son estructuras contractuales diseñadas en torno al precio futuro, la rentabilidad o los riesgos de un activo.
El valor central de los derivados reside en su capacidad para permitir que los participantes del mercado separen el activo de su riesgo y los negocien de forma independiente. Antes, para expresar una visión sobre un activo, era necesario comprarlo o venderlo directamente. Con los derivados, los traders pueden operar sobre expectativas de precio, volatilidad o exposición al riesgo sin necesidad de mantener el activo. Así, los mercados financieros evolucionan de la compraventa de activos a la negociación de riesgos y expectativas.
Una de las funciones principales de los derivados es redistribuir el riesgo entre distintos participantes del mercado. Algunos buscan evitar el riesgo, como los productores, las instituciones o los holder a largo plazo; otros están dispuestos a asumir riesgos a cambio de posible rentabilidad. El mercado de derivados conecta estas dos necesidades.
Por ejemplo, los mineros pueden fijar precios de venta futuros mediante la venta de contratos de futuros, evitando así el riesgo de caídas de precio; los especuladores asumen este riesgo apostando por subidas futuras. En esencia, este mecanismo transfiere el riesgo de quienes lo evitan a quienes están dispuestos a asumirlo.
A su vez, los derivados suelen permitir a los traders operar con margen, lo que introduce apalancamiento:
Por tanto, el apalancamiento convierte a los derivados en herramientas de capital altamente eficientes, pero también incrementa la volatilidad del mercado y resalta la importancia de la gestión de riesgos.
Además de la gestión del riesgo, una de las grandes aportaciones de los derivados a los mercados es favorecer la liquidez general. Ofrecen más vías para que los participantes expresen opiniones, gestionen riesgos y asignen capital, lo que impulsa una mayor participación en el mercado.
Con un sistema de derivados desarrollado, los traders no se limitan a la compraventa de activos Spot. Pueden participar mediante ventas en corto, cobertura, arbitraje, operativa sobre volatilidad y otras estrategias. Esto incrementa la actividad de operativa y el flujo de capital, potenciando la vitalidad general del mercado.
Los derivados refuerzan la liquidez de varias formas:
En términos generales, un mercado financiero maduro suele ir acompañado de un mercado de derivados igualmente maduro. Solo cuando los riesgos pueden segmentarse, valorarse y negociarse de manera eficiente, la asignación de capital alcanza su máxima eficacia.