De joven, pensaba que lo más importante en la vida era la elección.


Luego descubrí,
que en la vida hay muchas cosas que simplemente no eliges.
En qué familia naciste,
qué tipo de padres encuentras,
qué heridas físicas sufres,
qué situación te presenta la época.
Estas cosas, no son tu elección.
Pero una vez que llegan,
tienes que soportarlas.
Por eso, lo realmente difícil en la vida,
no es que todos puedan tener una buena mano.
Sino que algunos, después de recibir una mano mala,
aún buscan la manera de jugarla.
Cada vez más creo que,
el destino a veces no es una cuestión de elección,
sino de resistencia.
Cuánto puedes soportar de injusticias,
cuánto soportas de incertidumbre,
cuánto soportas de presiones invisibles para otros,
al final, eso decide qué tan lejos puedes llegar.
Pero soportar no equivale a aceptar el destino.
Las personas realmente fuertes,
no es que no hayan sido aplastadas por el destino.
Sino que, después de ser aplastadas,
aún pueden levantarse poco a poco.
Por eso siempre he pensado que,
la parte más fuerte de una persona, no es cuán espectacular es cuando gana,
sino que en los momentos bajos, todavía no se desmorona.
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