La verdadera buena voluntad no necesita envoltorios religiosos.


Compras más comida en noches de lluvia para que los vendedores vuelvan a casa más temprano; envuelves las cuchillas en la basura con cinta para proteger a quienes recogen basura—el valor de estos pequeños gestos no radica en la recompensa que puedan traer, sino en que eliges hacer que este mundo sea un poco menos terrible.
La bondad es una especie de instinto, no una inversión.
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